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El agua apareció

Son casi las seis de la mañana y el imán no perdona su cita. Me vuelvo a dormir.

Dos horas más tarde más o menos nos íbamos despertando. Vamos al baño y sorpresa, no hay agua. Pero, ¿no volvía el agua a las seis de la mañana?.

Nos vestimos y empezamos a escuchar las primeras risas de la mañana. Otra cosa no, pero el día lo pasamos de risas y con bromas constantes.

Entre risas subimos a la última planta, donde se sirve el desayuno. Saludamos al camarero y empezamos a servirnos de todo un poco, como hace todo el mundo en un buffet libre. Cuál fue nuestra sorpresa que ¡salía agua del grifo! ¡¿Qué estaba pasando?!.

Hablamos con el camarero y nos dijo que estaba todo el barrio sin agua, pero ¿Cómo era posible que él tuviera? Pensamos que era posible que tuvieran una cisterna individual para la cocina así que continuamos desayunando como si nada; charlando entre nosotros y con el camarero.

A través de las ventanas podíamos disfrutar de unas estupendas vistas del Bósforo aunque estaba un poco empañado (nunca mejor dicho) a causa de la niebla.

Al terminar de desayunar y viendo que salía un estupendo chorro de agua por ese grifo le pedimos permiso al camarero para lavarnos las manos. Además aprovechamos para lavarnos la cara, cosa que no le gustó mucho pero que teníamos que hacer ya que no teníamos agua en la habitación.

Al bajar, ya resignados, entramos en la habitación y escuchamos como estaba corriendo el agua de la ducha. Alguien mientras intentaba sacar agua de donde no había se debió dejar el grifo de la ducha abierto y salía agua sin parar. Lo cerramos y vimos como poco a poco volvía el agua. Esperamos unos minutos y tras lavarnos la cara y los dientes nos lazamos a la calle a conocer Estambul un domingo por la mañana. Justo antes de salir y como ya estábamos los tres nombramos a Ángel como encargado del bote y pusimos 100 TYR cada uno. Siempre iremos tirando del bote mientras quede dinero y cuando no quede lo repondremos siempre a partes iguales.

Hicimos el mismo recorrido que Jose y yo habíamos hecho la noche anterior. Al llegar a Yeniçeriler, frente al Gran Bazar (que estaba cerrado), vimos que había una cantidad de gente que apenas nos dejaba hueco para pasear por la acera dirección Sultanahmet. Seguimos esquivando a chinos, japoneses o coreanos (del sur) hasta llegar al parque frente a Santa Sofía y la Mezquita Azul y ahí estaba todo preparado para la llegada del maratón de Estambul. ¡Vaya! Toda aquella parafernalia nos fastidiaba las fotos mañaneras a dos de los mayores símbolos de la ciudad. Nos resignamos y decidimos ir a visitar Santa Sofía. Aquel mamotreto gigante que pasó de basílica a mezquita y más tarde a museo y que ahora al verlo por fuera parece que necesite algo más que un lavado de imagen no tenía mucha cola de gente para poder acceder a su interior. Esperamos nuestro turno, sacamos nuestra entrada correspondiente. Decidimos hacer el tour con uno de estos dispositivos que te van contando la historia según estás posicionado en los puntos estratégicos. Pagamos las 20 TYR que costaba y yo mismo me encargué de manejarlo.

Aún sin entrar, en los jardines de Santa Sofía ya teníamos mucho que escuchar. Gusta eso de conocer la historia y el porqué de las cosas que estás viendo.

Aún no habíamos entrado y ya nos cansamos de aquel aparato. Sin haber llegado a entrar teníamos siete u ocho puntos donde escuchar una locución pero como lo habíamos pagado teníamos que escucharlo y hacer el gasto. Igual tanto gasto nos vino bien para lo que pasó algo más adelante.

Una vez dentro, vimos que el lavado de imagen a la basílica tenía que ser completo y lo estaba siendo. Había un andamio gigante donde estaban restaurando. Según leí en algún sitio, las tareas de restauración se están llevando a cabo desde el año 2.010 y visto lo visto aún quedaba bastante. El museo estaba repleto de gente, de modo que las fotos no podían quedar como a mí me gustan. Empezamos a echar fotos y seguíamos con las locuciones. Que si la primera pila bautismal de la basílica, que la zona de oración del sultán (cuando era mezquita), etc…

Sólo por ver las dimensiones te das cuenta de que estás en uno de los lugares más importantes de una de las ciudades con más acontecimientos históricos. Es imponente, tiene ese toque de mezquita que dan todas esas lámparas colgadas y después esos mosaicos del cristianismo que aún se conservan. En las esquinas hay unos enormes paneles circulares en los que hay unos nombres escritos en árabe (los más grandes el mundo nos repitió la locución una y otra vez). Aún en la planta baja encontramos la columna que llora que como es una cosa de guiris y turistas no voy a describir pero que te animo a que lo busques por internet o incluso en algún libro, si quedan.

Subimos a la planta de arriba y desde allí pudimos tener unas magníficas vistas, tanto del interior del museo como la Mezquita Azul.

Estábamos terminando la visita cuando nos sorprendió un ¡Low battery!, ¡Low battery! que venía de la audio-guía.

Bajamos y salimos del impresionante edificio. Pasamos por la taquilla y le dijimos que al poco de entrar se terminó la batería, así que nos devolvieron las veinte liras turcas.

Perfectamente podría ser la hora de comer, pero no comimos. Tomamos un café y nos acercamos a la Mezquita Azul.

Antes de entrar y como buenos musulmanes, Ángel y yo fuimos a lavarnos los pies y de paso que purificábamos el alma también los purificábamos a ellos.

Por su entrada principal sólo pueden entrar los fieles; aunque si tanto musulmanes como cristianos creen en un único y mismo Dios aún no tengo muy claro porque no puede entrar casi todo el mundo por esa puerta. El caso es que nos dirigimos a la entrada de los turistas. Nos descalzamos y entramos. En su interior apenas encontramos fieles, la mayoría eran turistas. Como sucede en las catedrales de España. Nosotros entramos a la zona de oración donde mientras Sol se volvía loco tomando fotografías a la gente rezando otros nos sentamos y nos pusimos a reflexionar y a orar un buen rato.

Aprovecho y dejo los primeros párrafos del folleto gratuito que se puede coger a la entrada de la mezquita y que se titula ¿Qué es el Islam?.

El término Islam es una palabra árabe que significa paz y sumisión. Un musulmán practicante se esfuerza en someterse incondicionalmente a Dios, alcanzando de tal modo la paz en esta vida así como en el Más Allá. “Mahometanismo” es un nombre inapropiado para el Islam y ofende su mismísimo espíritu. El Islam es una de las tres religiones Abrahamicas, junto con el Judaísmo y el Cristianismo. Como tal, es una religión basada en la revelación que cree en un Único Dios y la guía revelada por Dios a los profetas. Entre los profetas del Islam se incluyen Abraham, Moisés, Salomón y Jesús: por lo tanto el Islam no es una religión nueva sino la culminación y el cumplimiento finales de la misma verdad básica que Dios reveló por medio de sus Profetas a cada nación (El Corán 3:84).

Después de esto de cada uno saque sus propias conclusiones y si queréis jugamos al juego de las siete diferencias.

Tras pasar un buen rato en la mezquita nos dirigimos al palacio de Topkapi. Mientras nos dirigíamos al palacio veíamos llegar a los últimos héroes del maratón. Todos llegaban entre aplausos y nos es para menos.

Una vez en los jardines del inmenso palacio sacamos las entradas, esta vez sin audio-guía. Y empezamos a recorrerlo por nuestra cuenta.

El palacio de Topkapi es el mejor reflejo de la época imperial de Estambul y simboliza el poder que alcanzó Constantinopla como sede del Imperio Otomano. En sus 700.000 m2, el palacio cuenta con cuatro patios y múltiples edificios en su interior. Dentro del mismo recinto también se encuentra el museo Arqueológico, Iglesias y otras edificaciones de interés. La zona de El Tesoro es de las más importantes. Cuenta con alguno de los objetos más importantes del mundo como un diamante de 88 quilates que perteneció a la madre de Napoleón (menuda joya de hijo tuvo la señora) o el Puñal Topkapi (de oro y esmeraldas). Una pisada de Mahoma o ver a alguien recitando continuamente versículos del Corán son otros atractivos. En mi caso la sala que más me gustó en la sala de objetos pertenecientes a conquistas.

El harén es el lugar donde residía el Sultán de turno con su familia y un conjunto de entre quinientas y ochocientas mujeres de alto nivel cultural. El Sultán a su vez tenía a sus favoritas. Para visitar el harén hay que sacar una entrada adicional y aunque no la sacamos pensamos sacarla pero tampoco lo hicimos ya que cerraba a las cinco de la tarde y faltaban pocos minutos para esa hora.

A las cinco y pocos minutos ya estábamos fuera del palacio. En solo unas horas habíamos visitado los tres puntos más importantes de Estambul.

Ya habían recogido toda la parafernalia que había con motivo del maratón.

A día de hoy aún no sé con qué tiempo terminó mi amiguete del autobús. Me comentó que esperaba terminar en torno a dos horas y veintitrés minutos, más o menos. Si alguien tiene esa curiosidad que entre en el siguiente enlace http://www.istanbulmarathon.org/marathon-information/results/36istanbul-marathon.aspx a partir del próximo 1 de Diciembre de 2014. La última vez que probé en enlace para ver la clasificación no funcionaba.

Era de noche, ya no podíamos visitar muchos lugares.

Muy cerca de donde nos encontramos tenemos una de las visitas que tampoco podemos dejar escapar, la cisterna de Yerebatan. Aún no habíamos comido nada, así que para agilizar la espera en la cola compramos un paquetito de castañas asadas. ¡Qué ricas estaban!

Ésta es una de las múltiples cisternas que hay en Estambul y tiene unas dimensiones de 140×70 metros y se calcula que podía almacenar unos 100.000 m3 de agua. La cisterna Basílica (por la que también se le conoce) tiene 336 columnas de 9 metros de altura y tiene unas pasarelas de madera sobre el agua por las que se realiza el paseo turístico. De todas las columnas, hay dos que tienen como base una cabeza de Medusa, el ser mitológico que convertía en piedra a quien miraba. De este modo nadie podrías atreverse a contaminar el agua de la cisterna ya que si lo intentaban podrían ser convertidos en piedra.

Tras salir de la cisterna ya necesitábamos algo de ocio así que dejamos a un lado las visitas (ya no había mucho por visitar) y empezamos a caminar hacia Eminönü para, sí esta vez, poder degustar un rico bocadillo de caballa con ensalada. Ya iba siendo hora de comer algo.

Mientras íbamos caminando hablábamos de cómo organizarnos para estar al día siguiente a las 6:00 en el avión camino de Capadocia. Como siempre, terminábamos con alguna tontería y riéndonos. Ya lo pensaremos cuando lleguemos al hotel.

Nos sentamos para degustar el balik ekmek y un buen chorro de limón con una botella de agua. Nos lo comimos en cinco minutos. Mientras paseábamos por el puente de Galata recordé una conversación con Funda en la que me decía que la zona de Kadiköy está muy bien para tomar algo y pasar un rato distendido.

¡A Asia!

Tomamos un ferry para cruzar el Bósforo y llegamos al lado asiático en 20 minutos. Al salir del embarcadero me llamó la atención que ahí sí que no encontramos turistas y me parecía más occidental la zona asiática que la europea. Miré a mis amigos y a nadie se le achinaron los ojos.

Pasemos por sus calles, repletas de tiendas de barrio, pescaderías y pastelerías. Nos sentamos en una terracita de un bar y degustamos el lahmacun, una masa fina de pasta con forma de pizza con carne picada, cebolla y tomates. El lahmacun se come recién salido del horno, con un buen puñado de perejil y un buen chorro de limón.

Después seguimos paseando y encontramos una terracita repleta de gente joven tomando té. Así que nos animamos a hacer lo mismo. Justo al lado nos tocó un tipo que encadenaba un cigarro con otro; no aguantamos más de media hora tragando su humo así que pagamos y nos marchamos.

De camino al embarcadero pasamos por una pastelería que ya habíamos visto minutos antes y nos pusimos las botas con unas delicias turcas. ¡El baklava, que rico!

Llegamos al embarcadero chupándonos los dedos.

Tomamos el ferry de vuelta a la ciudad vieja de Estambul.

Una vez allí seguíamos paseando. Ya eran más de las nueve de la noche y estábamos algo menos de una hora del hotel.

De camino al hotel nos volvimos a parar en Sultanahmet ahora si para disfrutar de Santa Sofía y la Mequita Azul con la noche y las luces que las enfocan. Les mostré los obeliscos que ellos aún no habían visto y atajamos por el camino que yo había tomado el día anterior con Funda para llegar hasta el hotel.

Muy cerca del hotel nos paramos en un pequeño establecimiento que tenía un cartel el cual anunciaba que hacían los trayectos desde los hoteles más importantes hasta los distintos aeropuertos. Nos informamos y contratamos sus servicios. Había que estar a las 3:15 en la puerta de un hotel cercano al nuestro, donde una furgoneta nos recogería y nos llevaría directos al aeropuerto de Sabiha Gökcen. También nos ofrecieron contratar servicios en Capadocia, pero eso fue algo que dejamos para pensar en otro momento. Eran las 22:00, aún no habíamos llegado a nuestro hotel, teníamos que llegar, hacer el check-out (pagar, que aún no habíamos pagado), ducharnos, preparar las mochilas y descansar unas horas. De modo que no teníamos tiempo que perder. ¿Y qué hicimos?

En la misma calle del hotel había una tienda de zapatillas, así que entramos a echar un vistazo. Eso sí, sin perder el tiempo. Nos pusimos a hablar con el encargado y al enterarse que vivo en Madrid empezó a decirme que uno de sus mejores amigos está viviendo en Madrid y tiene un restaurante. Me enseñó por Facebook a su amigo a ver si lo conocía. Está claro que Madrid no es tan grande como Estambul, pero de ahí a que pueda conocer a su amigo hay un trecho. El caso es que el hombre estaba emocionado con eso y le hicimos todo el caso que pudimos.

Llegamos al hotel, había agua así que era la hora de la ducha diaria. Dejamos todo preparado y cerca de las 00:00 nos metimos a en la cama a descansar. Teníamos algo más de dos horas para dormir. Estaba claro que algo no habíamos pensado bien.

Después de las últimas risas del día apagamos la luz y nos dispusimos a descansar.

Como ves, aquí termina el texto del paseo por Turquía y aún no he salido de Estambul. Casi en el primer día dejé de documentar por escrito y esta es la mierda de resultado.

Ahora casi 6 años después, cuando inicio el proyecto de Mr. Rookie Biker no puedo retomarlo donde lo dejé porqué me llevaría un esfuerzo terrible y cometería muchos errores de lugares, fechas y anécdotas que no podría concretar de un modo fiel. En el tintero tengo Toalhas e mostaches. (el viaje a las islas Azores) y Bajar al moro (por Marruecos) pero no encuentro esas notas por ninguna carpeta de mis discos duros. Sé que están en algún lugar, en mi recuerdo, pero también confío en encontrar los documentos y poder compartirlo con quien tenga interés.

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