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Día 1

Irán. Capítulo 9

Apenas he podido descansar. En este vuelo tampoco he podido dormir más de diez minutos; o al menos esa es la sensación que tengo. Ya no sé ni las horas que llevo seguidas sin hacerlo.

De repente se escucha la voz del personal de abordo que anuncia que en pocos minutos aterrizaremos en Teherán. Esa fue la señal. Prácticamente la mayoría de las mujeres que no llevaban el cabello cubierto se incorporaron y automáticamente buscaron el pañuelo para cubrírselo. Acto seguido les siguieron las mujeres turistas, que podría ser su primera vez. Aunque fuera por un acto como este, Irán ya impresionaba y eso que aún no había tocado tierra. Muchas de las mujeres se lo dejaron preparado para así cubrirse el pelo nada más tocar tierra.

Salimos todo lo rápido que pudimos de la cabina y a unos pocos pasos atrás venía nuestro compañero de viaje cargado de bolsas mientras sus hijas sólo se preocupaban de llegar su bolso de mano. Le ofrecí ayuda para con las bolsas pero no lo vio necesario. Nos despedimos sobre la marcha y ese fue nuestro último contacto.

Llegamos al final del finger y ahí decidimos esperar a que apareciera Ángel que venía sentado unas diez filas atrás.

Teníamos dos posibilidades, que saliera tal y como hemos salido nosotros; solos y sin nada memorable que contar o que saliera acompañado de iraníes y excitado. Unos segundos después de esta misma reflexión a lo lejos le veo venir con paso firme, decidido y solo. Me extrañó.

Nos juntamos, nos contamos más o menos lo mismo y es que apenas hemos descansado en estas horas de viaje. Estamos hechos polvo.

Antes de nada Irán nos da la bienvenida con el primer símbolo inequívoco que denota que hemos salido de nuestra zona de confort. El retrete al que estamos acostumbrado ha sido sustituido por el típico agujero en el suelo. La letrina. Sin duda mucho más incómodo e inseguro, por el mero hecho de no querer resbalaste en ese habitáculo. Pero en teoría mejor adaptado para que el ser humano defeque. La postura es mejor ya que no hay que realizar esfuerzo como los que algunas ocasiones son necesarios realizar en el trono de porcelana sanitario. Después de marcar el nuevo territorio conocido con una meada de campeonato seguimos las indicaciones de la terminal y llegamos al punto donde pasaremos la próxima hora y media más o menos. Tenemos que sacar el visado.

Para entrar en Irán tenemos dos opciones de sacar el visado. Lo podemos sacar en la embajada en Madrid o desde hace algo más o menos un año lo podemos sacar al llegar. Visa on arrival. Como no, nosotros optamos por la segunda opción. Nos enteraríamos si nos dejan entrar en el país en el último momento. Si no se vive con un mínimo de emoción esto no tiene gracia alguna.

Hemos llegado los últimos. Entre esperar a Ángel y la marca de la conquista del nuevo territorio hemos perdido unos minutos que implica que todo el mundo esté haciendo cola. No sabemos exactamente para qué, pero la gente hace cola. Repartida entre dos ventanillas. La primera de ellas indica algo de Visa Payment. La segunda de ella pone simplemente Visa. Hay un tercer punto donde simplemente no hay nadie y a ese nos dirigimos después de un pequeño titubeo. Ahí pudimos leer que era el lugar indicado para sacarse el seguro médico.

Según la información que hemos recogido las semanas previas a la visita a Irán hay que tener un seguro médico que cubra cualquier problema sanitario que se pueda tener en el país. En cierto modo lo veo ideal y es algo que se debería hacer, por ejemplo, en España con la cantidad de visitantes que recibimos y sobre todo para evitar el turismo sanitario tan extendido por la costa española. Esto mismo ya sucede en otros países y es requisito imprescindible para poder entrar.

En mi caso particular, decidí sacarme el seguro médico con la empresa que conozco. No es un precio elevado en comparación con el montante total de cualquier viaje y el hecho de tenerlo hace que viajes con una seguridad y una tranquilidad extra. No siempre me hago el seguro de viajes, es más lo habitual es que no me lo haga aunque bien es cierto que en los dos últimos destinos he tenido un seguro médico algo alguna cobertura extra más.

Ángel y Jose no lo tienen. Seguramente yo no lo tendría si no me hubiera comprado el ordenador portátil que uso para escribir estas líneas. El seguro que me hice cubría unas cantidades por robo. Cosa que deseo con fuerza no tener que aprovechar.

Pasaporte y pagar 14 € por persona. Eso es el trámite del seguro.

Vamos a la otra ventana, la que tiene más gente. Ahí, nos han dado un formulario y una pegatina con un número escrito a bolígrafo, 225, uno para los tres. Lo completamos con los datos de Ángel y como acompañantes aparecemos Jose y yo. Lo firmamos y ahora hacemos cola en la última de las ventanas. Nos atiende un joven que no deja de mirar sus conversaciones personales de whatsapp o similar nos pide que le entreguemos la documentación. Le entregamos los pasaportes y el formulario pero lo que sin duda más le interesa es la pegatina. Yo la tengo apurruñada en la mano izquierda y ahí se clava su mirada. Nos percatamos, se la damos y:

– 225 €. – Dijo. Y nos entregó la misma documentación sellada.

Ahora, todo entendido.

Habíamos leído que la visa costaba 50 $ o €, que le da más o menos igual la moneda con la que pagues si es una de esas. Pagamos 75 € por persona. Primera diferencia.

Ahora, con la documentación sellada volvemos a la ventanilla anterior. Volvemos a hacer cola y la entregamos juntos con nuestros pasaportes. Ahora es cuando las autoridades iraníes deciden si te dan la visa o no. Pasan unos minutos revisando los pasaportes y metiendo nuestros datos en sus sistemas, que puede parecer curioso que corran sobre un Windows XP (que ya no tiene soporte por parte de Microsoft). Puede ser que no nos dejen pasar pero ya habrías pagado los 75 €. Antes de entrar en el país estás palmando pasta.

Llaman a Jose, porqué su pasaporte era el primero de los tres, nos acercamos a la ventanilla con la curiosidad que levanta que busquen a una persona utilizando para ellos el pasaporte. Por algún momento se nos pasó por la cabeza que podría ser por algún problema con el mismo. Jose ha estado en el último año un par de veces en USA y también en Rusia. Mi pasaporte es nuevo y está virgen de seños y visados. Nada de eso. Nos entregan la documentación y vemos que en nuestro pasaporte ya está la visa. En ningún momento nos han pedido las fotos. Segunda diferencia. Y tampoco han pedido en ningún momento el seguro médico “obligatorio”. Tercera diferencia.

Confío en que lo que habíamos leído ha estado funcionando del mismo modo hasta hace pocas fechas, pero las cosas están cambiando. El turismo en Irán está en auge, visto por la cantidad de turistas que estábamos realizando ese mismo trámite. Ya se sabe, cuando algo funciona hay que explotarlo al máximo. En eso no le encuentro diferencia con ningún otro país del mundo. Irán hace lo mismo que USA, por ejemplo.

Nos dirigimos al control de seguridad donde ya sólo queda una agente y está durmiendo plácidamente en su garita. Se despierta y llama a otro que es el que nos atiende. Cuando decide que es mi turno me hace pasar y justo cuando estoy delante de él se ve llegar a una horda de gente. He llegado un nuevo vuelo. El agente se detiene con mi pasaporte algo como la décima parte de un segundo. Lo mete en la típica máquina que hay en todos los aeropuertos y me lo da. Tiempo máximo… posiblemente llegó a los diez segundos, pero no los sobrepasó con creces. Me despide, pero antes de marcharme:

– Please, how can I say “thank you” in Farsi?. (Por favor, ¿Cómo puedo decir “gracias” en Farsi?. – Le pregunté.

La misma sonrisa que ya había visto en cualquier otra persona al interesarme por su idioma o cultura se dibujó en su rostro.

– Moteshak keram. – Dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

– Moteshak keram. – Le dije y me marché mientras el tipo aún seguía con su sonrisa y llamando al siguiente de la fila.

Jose y Ángel pasaron a los pocos segundos también. Salimos de la zona restringida a los pasajeros y comenzamos a caminar poa la terminal el busca de un banco donde cambiar dinero y de algún lugar donde poder comprar una SIM para el teléfono.

Llegamos al lugar de la SIM y ahí estaban la mayoría de turistas de nuestro vuelo. Hay que estar conectado en todo momento. Para no hacer la cola decidimos ir en busca del banco. Necesitamos riales. Ya sabemos la inflación que tiene esta moneda y que 1 € lo podemos cambiar por unos 40.000 riales. Ellos a su vez usan el tomán, que son diez riales. Sólo ellos saben diferenciar cuando hablan en riales o tomanes ya que cambian de moneda en todo momento. Nosotros para no liarnos tenemos que preguntar a qué moneda se refiere y confiamos en su honestidad.

Llegamos al banco. Sale un iraní de sus dependencias interiores y le preguntamos a como está el cambio. 34.000 riales por 1 €. Nos parece aceptable ya que la moneda cambia mucho en poco tiempo. Le preguntamos por la comisión de cambio pero el hombre pone cara de póquer y nos dice algo que no entendemos. Le insistimos con la comisión que se queda el banco para así nosotros hacer nuestros cálculo pero no hay manera. Ahora parece que la jugada que tiene en sus cartas es majestuosa. No se entera una mierda. Nosotros tampoco nos enteremos de lo que dice, claro. Así que para librarse del marrón nos dice que la oficina de cambio está en la planta de arriba. Así que nos damos otro paseo por la terminal (ya la hemos cruzado dos veces) y subimos. Ahí encontramos lo que es sin duda una oficina de cambio. Tiene dos ventanillas donde en una de ellas hay una guapa jovencita vestida con el uniforme islámico por excelencia, una especie de guardapolvo o gabardina fina que la cubre por completo.

Le preguntamos cómo está el cambio y sin mirarnos a la cara escribe en una calculador que por cada 1 € nos dan 39.700 €. Jose le pregunta la comisión que se quedan y entonces la hermosa iraní nos mira con una cara de pocos amigos y dice algo como same price. Silencio. No decimos nada y nos ponemos a pensar cuánto dinero cambiamos. Mientras estamos debatiendo sobre ello decide brindarnos con sus últimas palabras:

– Only 100 €.

Increíble, no podemos cambiar más de 100 € por persona. Los cambiamos y nos vamos. Unos segundos después pensamos en volver y cambiar 100 € más. ¿Quién nos va a impedir hacerlo?.

Ya es hora de comprar la SIM y dar señales de vida a nuestras familias y amistades que se interesan por nosotros. Vamos a un pequeño puesto donde hemos visto que hay gente realizando el trámite y vemos un pasaporte español y nos ponemos a hablar con el chaval. Resulta que está esperando a que llegue una amiga para así comenzar un recorrido. Mientras hablamos con él una pareja de asiáticos llega y comienza a realizar el trámite.

Hablamos sobre la experiencia a la hora de sacar la visa (donde yo no recuerdo haberlo visto) y él por ejemplo había leído y traía entendido otras cosas. Nos despedimos y nos deseamos suerte con la experiencia. Nos acercamos al mostrador y la señorita nos dice que justo ahora se han terminado las altas que puede realizar. Tenemos que esperar una hora para que vuelva a tener posibilidad de realizar nuevas altas.

Comenzamos bien. No hemos podido cambiar el dinero que considerábamos y no tenemos SIM salvo que esperemos una hora. Lógicamente no esperamos y salimos caminando por la puerta del aeropuerto con intención de alejarnos unos centenares de metros y comenzar a hacer autostop.

En los primeros 200 metros se nos van parando todos y cada uno de los coches que pasa a nuestro lado:

– Taxi, taxi.

– No, gracias. Mateshak keram.

Encontramos un cartón junto a una zona de escombros de obras y decidimos realizar el primero de nuestros carteles.

Qom.

Sólo tres letras que marcarán el inicio de esta nueva aventura.

Seguimos caminando por el arcén de lo que pensamos que es la autovía que va hacia el sur y que es la que tenemos que seguir. Mientras casi todos los coches que pasan a nuestro lado reduce la velocidad y sigue con la misma música:

– Taxi, taxi.

– No, gracias.

Un nuevo coche se acerca reduciendo la velocidad, baja la ventanilla y comenzamos una corta conversación; la primera como protagonistas de una historia a dedo por Irán.

– Hola. ¿de dónde sois?. – nos preguntó.

– Hola, somos de España, gracias. ¿Qom?.

– No, no voy a Qom, pero esta no es la dirección correcta, vais en sentido contrario. Debéis ir en dirección contraria y tomar la primera salida.

– ¿Si?.

– Sí… Venga, subid, os acerco hasta allí.

En menos de dos minutos desde que creamos el cartel de Qom nos han parado más de una docena de vehículos y uno de ellos nos ha invitado a subir. Esto ahora ya no me sorprende. Estamos con una sonrisa de oreja a oreja y nos hacemos una foto para el recuerdo.

Hablamos con él, no recuero el nombre ahora que estoy escribiendo estas líneas. Con el nerviosismo del momento se me olvidó anotar su nombre y te puedes imaginar que es posible que algunos de ellos no sean del todo fáciles de recordar. Un par de kilómetros después se detuvo en el arcén y bajamos del coche ahí mismo tenía un cambio de sentido; ya podíamos ver la salida que nos decía unos minutos atrás.

Volvemos a ponernos con el cartel y volvemos a repetir la misma situación. La mayoría de los coches que pasan a nuestro lado se ofrecen como taxi. Con alguno de ellos tenemos una pequeña conversación hasta que les decimos que no pagamos por el transporte.

Un coche azul se nos acercó, un joven iraní nos brindó una enorme sonrisa.

– ¿Qom?.

– Sí, Qom. No tenemos dinero. – Le adelantamos para así ahorrarnos algo de tiempo no fuera que se nos escapara alguna otra oportunidad.

Puso cara como de no entender muy bien como tres españoles no tenían dinero para pagar un taxi, oficial o no, a sólo un par de kilómetros del aeropuerto.

– Subid.

Ingeniero industrial, de treinta y un años, casado, sin hijos y sin trabajo. Esa era la ficha de Marit, este joven con pinta de buena persona y que apenas entendía el inglés comenzó a hablarnos de política sin preguntarle nosotros por ese tema ya que no sabíamos si era un tema tabú o sin embargo es algo de lo que hablar libremente como podemos hacer en España. El caso es que parecía que se desató y nos comentó lo desencantado que está el pueblo con sus políticos. Que aunque los parezca no es una democracia real y que el pueblo iraní está dirigido por árabes. Ellos son persas, están muy orgullosos de ello y de su cultura y gente de fuera les dirige sus vidas.

De España, la conociera o no, sólo decía:

– España es muy bonita.

Entre charla y charla llegamos a recorrer algo más de 100 km. Y en una hora más o menos llegamos a Qom. Marit ya nos ha ido comentando camino a la ciudad que esta está repleta de musulmanes, de iraquíes. Mientras nos comentaba todo esto el gesto de su cara era una mezcla entre resignación y asco. Vio que podía confiar con nosotros y se abrió a hablar del tema de política y religión sin tapujos. La conclusión es que en Irán mandan musulmanes y bien sabemos ya que los iraníes son persas, no musulmanes. Sus palabras fueron que Khomeini fue alguien muy muy muy muy malo que tomó el poder en 1.979 y que desde entonces todo ha ido de mal en peor. Vive reprimido, no puede hablar de estos temas con nadie salvo sus conocidos. Se le ve compungido; no me puedo imaginar cómo podría sentirme en una situación así. La situación política y religiosa en España es lo que podría entenderse por normal, siempre con sus matices y cosas por mejorar, por supuesto, pero es un estado laico donde cada uno puede hacer prácticamente lo que considere.

Durante el transcurso de estas páginas has podido leer las peripecias que hemos pasado tanto para organizar la aventura como durante el transcurso de la misma. Habrás notado que incluso durante un mismo punto he ido cambiando de distintos tiempos verbales en la narración de los eventos. Además de los errores narrativos que hayas podido encontrar este que te indico es uno más notorios y es posible que te llamara la atención si eres un lector muy ávido y devoras libros con frecuencia. Esto es debido a que siempre mi intención fue la de contar la historia en presente, como si estuviera sucediendo mientras lees. Por razones de tempo ha habido ocasiones en que no me ha sido posible reflejarlo justo segundos después de que sucediera. De modo que, si das un pequeño repaso podrás darte cuenta de qué pasos han sido reflejados justo después de que sucedieran, algunos minutos o horas después, y cuales han dejado imprenta en papel algún tiempo más tarde.

Todo lo recogido en estas líneas ha sido el reflejo de lo sucedido. Mi intención no ha sido la de adornar el texto con otro tipo de sucesos que no hayamos vivido.

Sólo quiero darte las gracias por haber llegado hasta aquí. Si te ha interesado lo que has leído y no te supone demasiado esfuerzo, por favor, házmelo saber. Seguramente, de la conclusión que saque tras el feedback dependa de que siga contando este tipo de historias.

Gracias.

Como ves, aquí termina el texto de mi viaje a Irán. En el primer día de la aventura. Siempre me ha pasado lo mismo cuando he comenzado a escribir.

Ahora casi 4 años después, cuando inicio el proyecto de Mr. Rookie Biker no puedo retomarlo donde lo dejé porqué me llevaría un esfuerzo terrible y cometería muchos errores. Aprendí. Después de este viaje sucedieron cambios en mi vida personal que me han marcado mucho. He seguido viajando, de otro modo. Ahora vuelvo a la «aventura» pero lo quiero hacer en moto. El caso es que cuando escribo este texto, 27 de mayo de 2020, hay una pandemia a nivel mundial y en mi ciudad (Madrid) el movimiento está restringido. Estoy en lo que llaman fase 1. No hay mejor momento que este para aprovechar el tiempo con un nuevo proyecto.

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